Néstor Martín-Fernández de la Torre ( 1887 - 1938 )
Néstor Martín-Fernández de la Torre ( 1887 – 1938 )

Dicen que todos terminamos volviendo, si tenemos la oportunidad, al lugar donde alguna vez fuimos felices. Es el caso del pintor modernista y simbolista Néstor Martín-Fernández de la Torre (1887-1938), quien tras años recorriendo países como Francia, Bélgica o Inglaterra para aprender nuevas técnicas pictóricas regresaría a Las Palmas de Gran Canarias, su lugar de origen, donde comenzaría su obra más ambiciosa hasta la fecha: El Poema de los Elementos. Un proyecto magistral y prolijo dividido en cuatro series: el Poema del Mar (o Poema del Atlántico), el Poema de la Tierra, el Poema del Fuego y el Poema del Aire. Lamentablemente, el artista no concluyó la que podría haber sido una obra impecable, puesto que murió de una pulmonía a los 50 años.

Esta maravilla le fue arrebatada a la historia del arte antes de tiempo, De la Torre nos dejó con la miel en los labios a las generaciones posteriores con el brillante Poema del Atlántico al completo, algunas piezas del inconcluso Poema de la Tierra y copiosos bocetos del Poema del Fuego y del Poema del Aire. Cada uno de estos poemas pretendía estar compuesto por ocho lienzos clasificados en grupos de cuatro, salvo en el caso del Poema del Fuego, para el que reservaba un gran lienzo. De esta forma, y sirviendo como patrón para sus consiguientes, el Poema del Atlántico se compone por las piezas Amanecer, Mediodía, Tarde y Noche; y por las piezas Borrasca, Mar en reposo, Bajamar y Pleamar. Así como el Poema del Fuego versa, además de sobre los diferentes momentos del día como en el caso anterior, sobre las estaciones del año: Primavera, Verano, Otoño e Invierno.




Esta visión cuaternaria del pintor canario no es casual, según apuntan diversas teorías, obedece a su faceta de masón y esotérico. Y así lo confirma la historiadora Cristina Rodríguez Calero en la presentación de su tesis sobre la obra y la vida del artista. La masonería relaciona el número cuatro con la creación del mundo a partir de los elementos, según afirman Adolfo Terrones Benítez y Alfonso León García González en su ensayo 33 Temas del Aprendiz Masón y Estatutos de la Orden. Vocabulario Masónico (Berbera Editores, 2011): “(…) sabemos que la palabra latina “TEMPLUM”, sólo se refiere al Edificio Material, destinado a celebrar cualquiera de los cultos que se rinden a la divinidad; dentro del tecnicismo netamente Masónico, se le da ese nombre al recinto dentro del cual los Iniciados celebran sus sesiones o sus asambleas, y cuyo local debe estar perfectamente orientado, especialmente acondicionado y sublimemente consagrado para llevar a cabo sus prácticas Dogmáticas, dentro de los lineamientos que marca la ortodoxia masónica, y es por eso que lleva el nombre de TEMPLO. En consecuencia, nosotros tenemos la convicción de que, siendo el templo la imagen Simbólica, representativa del Universo, su forma afecta la figura de un cubo, cuerpo Geométrico cuyo origen, en Aritmética, corresponde al número cuatro o cuaternario, y es por eso también, que dicho recinto se convierte en el Emblema del Planeta en que vivimos, puesto que en él todo es Simbólico, porque ahí se encuentran representados los cuatro elementos primordiales de la Naturaleza: la tierra, el agua, el fuego y el aire; tenemos a los cuatro puntos cardinales, Norte, Sur, Oriente y Occidente; a las cuatro estaciones del año, primavera, verano, otoño e invierno (…)”.

Asimismo, Rodríguez Calero también señala que la firma del autor concluye con tres puntos, símbolos que representan el Misterio de la Unidad, de la Dualidad y de la Trinidad, es decir, el misterio del origen y de todas las cosas y de todos los seres, según apunta Aldo Lavagnini en su Manual del aprendiz: La masonería revelada (Editorial Kier, 2019).



La pintura del artista canario es difícilmente clasificable, dado que sus influencias son tan variopintas como los países en los que se formó. No obstante, el movimiento pictórico que marcaría con mayor profusión su obra sería el de los prerrafaelitas. Aun así, De la Torre logró desvincularse lo suficiente de la ortodoxia de cualquier corriente y sorprender con pinturas inconfundibles de tan genuinas. Así, la sensualidad y el erotismo de figuras andróginas y membrudas retozando sobre lechos naturales en escorzos imposibles serían elementos característicos en sus pinturas finales. La flora y la fauna que envuelven a las figuras humanas no son azarosas, sino fruto de un concienzudo estudio del ecosistema canario por parte del autor, quien pagaba generosamente a los pescadores de la zona para que le trajesen especímenes de todo tipo de animales marinos, de los cuales posteriormente realizaba bocetos que le servían para plasmarlos posteriormente en sus cuadros. Su inmersión en este estudio fue tal, que incluso él mismo se embarcaba en ocasiones con los marineros para explorar el fondo marino mediante una cubeta de cristal. Se dice que el estudio donde creaba desprendía un hedor tan repelente debido a la colección de cadáveres de animales marinos, que aquellos que lo visitaban no podían soportarlo. 

La sensualidad y el erotismo de figuras andróginas y membrudas retozando sobre lechos naturales en escorzos imposibles serían elementos característicos en sus pinturas finales

Aunque el artista era muy meticuloso en su estudio de la naturaleza, sus obras siempre tenían el tinte de irrealidad característico de muchos pintores simbolistas. Así pues, una especie de pez de 50 centímetros en la realidad, en sus cuadros podría estar representado como un leviatán iracundo como en el caso de la pieza La noche, correspondiente al Poema del Atlántico. De la Torre se valía de estas figuras para construir discursos alegóricos, en este caso sobre la superación de las adversidades con base en el esfuerzo y la perseverancia, representando las bestias marinas los obstáculos de la vida.

El pintor soñó durante su vida con tener su propio museo y, aunque murió sin ver ese sueño cumplido, su hermano, el arquitecto Miguel Martín-Fernández de la Torre lo hizo realidad erigiéndolo en su propia ciudad con el nombre de Museo Néstor (1956). Aunque la obra del autor simbolista no es tan reconocida como debiera, sigue estando muy presente en países como Francia o Italia. Aunque, sin duda, donde más se venera su legado es el lugar donde nació, el que le acogió en el cénit de su carrera y en el lecho de su muerte: Las Palmas de Gran Canaria.  


Bibliografía: